Desde siempre, nosotros nos hemos sentido felices y gozosos de ser ortodoxos, bíblicos, fundamentalistas en creencias, fe y práctica.  Esto, a pesar del hecho cierto de que muchos hermanos evangélicos se refieren a nosotros en forma un tanto despectiva, al llamarnos “los fundamentalistas”, otros nos acusan de “faltos de caridad”, “rupturistas”, etc.

¡Qué decir de los católico-romanos y los “ecuménicos”! Para ellos somos gente difícil de sobornar.

Pero, ciertamente no son estas cosas nuestra preocupación; sino el uso indebido del término fundamentalista por cierta prensa y algunos periodistas.

Es verdad que por la amplitud de la lengua, cada día estamos aprendiendo nuevas palabras, pero eso, lejos de justificar el mal uso de ellas, conlleva a una mayor responsabilidad en la selección de las palabras por profesionales que tienen el privilegio de que sus expresiones sean leídas o escuchadas por miles, sino millones de personas. Es importante la imagen que crean con sus palabras escritas o leídas por la radio o la televisión.

 

ACTOS TERRORISTAS

Esto porque últimamente, en una serie de hechos o atentados terroristas, ya sea en con Consulado, un aeropuerto, un avión o un tren, la prensa va a titular sus noticias y reportes: “grupos fundamentalistas” o”terroristas fundamentalistas”, “los fundamentalistas” o “un líder fundamentalista”, etc.

No hay duda que hay una enorme diferencia entre la palabra utilizada y la que debería usarse. Si consultamos el diccionario de la lengua española en vigencia, tenemos que:

Fundamental: ¡Que sirve de fundamento, piedra fundamental, principal; lo que es fundamental, principal, lo que es más importante de una cosa, ley fundamental”

Fanático: “Que manifiesta celo excesivo por una religión u opinión; una idolatría fanática, es sinónimo de intolerante, sectario. Otro sentido: entusiasmado por algo, como un fanático del fútbol, un apasionado, exaltado”.

La prensa, cuando emplea el término fundamentalista casi invariablemente lo clasifica como sinónimo de cultista fanático, religioso, como los seguidores de Jim Jones, en la Guyana Holandesa; los seguidores de David Korech en Estados Unidaos y más recientemente los seguidores de Luc Jouret en Suiza y Canadá, participantes de suicidios colectivos, producto de su fanatismo. Los grupos terroristas de religiosos orientales y los racistas, lo asocian también con religiones falsas, con emocionalismo desenfrenado, violencia y cosas semejantes.

 

USO INADECUADO DE LAS PALABRAS

Con todo esto, pareciera que la prensa intentara asociar con estos grupos a los Fundamentalistas Bíblicos. La gente en general tiende a utilizar las palabras en la misma forma en que son utilizadas por los medios de comunicación. No podemos pensar o atribuirle a cada periodista la intención o el propósito de condenar por asociación a las iglesias evangélicas que están manteniendo en alto un testimonio, “Por la palabra de Dios o el Testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 1:9).

Pero sí creemos que:

El hecho de que usen la palabra “fundamentalista” con las connotaciones que se le da, es en sí una evidencia del éxito del plan diabólico de Satanás para incriminar por asociación al grupo de personas que en forma, por demás, inclaudicable, tenaz y fervientemente está oponiéndose a sus planes de engañar a los seres humanos y arrastrarlos al abismo.

Hace poco tiempo y a raíz del atentado terrorista al Consulado de Israel en Buenos Aires, el señor Presidente de la República decía, en declaraciones a una revista: “El fundamentalismo es la decadencia más grande del espíritu, es borra al otro”. ¿A qué fundamentalismo se refería? Jamás dejaríamos de protestar por una interpretación tan falta de consideración y acuciosidad en el uso de las palabras.

¿Cómo es posible continuar usando una palabra, o con qué derechos se sigue utilizando un término en una forma no aceptable por los diccionarios vigentes? Especialmente cuando por el uso de ella hacen tanto daño a un grupo respetable de ciudadanos creyentes en la Biblia.

 

¿QUÉ ES UN FUNDAMENTALISTA?

Debemos decir con fuerza que cuando volvemos al sentido clásico de la palabra, tenemos base para sostener que los únicos que tienen derecho de llamarse fundamentalistas son los Fundamentalistas Bíblicos. Si vamos al diccionario “Simon and Schuster internacional”, aceptado por muchos de los escritores, en la actualidad, encontramos la siguiente definición de la palabra “fundamentalista”: “Creencia incondicional en la Biblia”. ¡Qué magistral es esta definición!  Nos llena de gozo y agradecemos al Señor por ello.

En esta maravillosa y providencial definición, ninguno de los grupos terroristas, extremistas o racistas tienen cabida. Ninguno de ellos lo admitiría siquiera.

Fundamentalista es un hombre que abraza incondicionalmente las verdades bíblicas y no admite cambio alguno hecho por los hombres de lo que el Señor nuestro Dios calificó como Verdad.

“Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad” (Juan 17:17). “A los cuales ni aun por una hora cedimos ajustándonos, para que la verdad del evangelio permaneciese con nosotros” (Gálatas 2:5).  “Has  dado a los que te temen, bandera que alcen por la verdad” (Salmo 60:4).

Un fundamentalista bíblico reconoce la Biblia como su autoridad, el estandarte de su fe, su doctrina, su conducta y su servicio. Un fundamentalista bíblico obedece al gobierno y las leyes de su país, se somete a su autoridad, siempre que no usurpen la autoridad de Dios y su Palabra escrita.

Un fundamentalista bíblico jamás colocará bombas que maten a seres inocentes, jamás recurrirá al terrorismo para imponer sus creencias, menos para tomar venganza, no buscará destruir vidas, sino que daría la propia para salvarlas. Un fundamentalista bíblico se declara públicamente contra el aborto, la homosexualidad, el divorcio, la pornografía, las drogas, el alcohol, el tabaco, los juegos de azar, la inmoralidad, el ateísmo y cualquiera otra cosa que atente contra la familia y la sociedad.

Un fundamentalista bíblico es promotor de una familia fuerte, donde los hijos criados en sujeción y disciplina (Proverbios 22:6) aprendan a valorar una moral bíblica.

 

LA TOLERANCIA

Un fundamentalista bíblico no es un intolerante, creemos en la libertad de conciencia y no creemos que alguien tenga autoridad bíblica para imponer su pensamiento o creencia sobre otras personas. Creemos que cada hombre tiene derecho a creer lo que desee o de no creer nada. No pretendemos forzar a nadie a creer lo que enseñamos y creemos. Sin embargo, creemos que la fe personal en Cristo es la única manera en que una persona puede llegar al cielo y que sin la aplicación de la sangre de Cristo a sus pecados, cada ser estaría destinado al infierno preparado para el Diablo y sus ángeles.

Un fundamentalista bíblico ama a Dios, busca la salvación de los perdidos. Hay veces que lo que nosotros decimos, enseñamos, levanta oposición. Estamos convencidos que muchos creyentes podrían gozar de mayores bendiciones si fueran más fieles al Señor y a lo que Él espera de cada uno. Hemos tenido que quedarnos al margen y observar que cuando los que amamos han tenido que sufrir consecuencias que podrían haberse evitado escuchando nuestras instrucciones y consejos.

A pesar de ello, no tenemos ningún derecho a forzarlos a seguirnos, ni a cumplir exactamente lo que enseñamos.

Cada persona tiene libertad de hacer lo que su conciencia le indique.

La verdad divina, lo que Dios ha dicho, la Palabra de Dios, no cambia a pesar de lo que digamos o dejemos de decir. La falta de obediencia a Dios tendrá su justa retribución. Dios es quien pretende guiar e instruir a la gente por medio de las Escrituras y el pretender eludirlas trae sus consecuencias.

Por último, el fundamentalista bíblico no es indisciplinado.  Sabe que el señor está consciente de cada acción y pensamiento y reconoce el registro fiel que aclara lo que Dios aprueba y lo que no aprueba, o sea, la Biblia: “A la ley y al testimonio, si no dijeran conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20).

 

 

CONCLUSIÓN

Lo que hemos querido esclarecer es el uso indebido de la palabra fundamentalismo por la prensa, al referirse a hechos terroristas protagonizados por grupos religioso-políticos fanáticos.

Los periodistas usan el término fundamentalismo cuando quieren decir fanatismo extremista y usan la palabra fundamentalista, cuando quieren decir fanático. Ya vimos que los diccionarios editados por hombres apoyan la tesis bíblica “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Juan 8:32,36).

Esa verdad libertadora se llama Cristo (Juan 14:6).  En todo caso aceptamos al crítica de ser inamovibles, insobornables e irreductibles en cuanto a defender la autoridad de lo escrito en la Biblia. Ella es la única revelación escrita que el hombre posee de su Creador. La Biblia tiene todas las respuestas que el hombre debe conocer. Le enseña cómo vivir ante Dios y frente a su prójimo. Le enseña a ser responsable en su trabajo, la familia y la sociedad y, lo más importante, le enseña a “redimir el tiempo” y prepararse para una eternidad de comunión perfecta y gloriosa con Dios, su Creador y Redentor.

Por último, continuaremos llevando con íntima satisfacción y gozo el nombre de  FUNDAMENTALISTAS en nuestras vidas, pensamientos  y acción como en nuestros escritos, mensajes iglesias.

A los medios de comunicación y especialmente a los periodistas creyentes, rogamos cuidar de utilizar siempre la palabra adecuada y a no dejarse seducir por la popularidad barata de seguir la corriente de los poco considerados e irreverentes.

“Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo? (Salmo 11:3).  Así es, nuestra vida cristiana está fundamentada al igual que la fe de Apóstoles y profetas, en Jesucristo mismo (Efesios 2:20). Aquel que ha asegurado “Sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18).

Nosotros pensamos, al igual que creía el apóstol Pablo, que hemos sido puestos por el Señor en este ministerio: “Por la defensa del evangelio” (Filipenses 1:17b) y las iglesias fundamentalistas han de enseñar y vivir las verdades eternas, la Palabra de Dios, pues todos y cada uno somos la casa de Dios, la Iglesia del Dios Vivo, columna y apoyo de la Verdad  (1ª. Timoteo 3:15b).

 

 MANUEL EDUARDO ULLOA

      Pastor – Superintendente

Iglesia Metodista Independiente

               1930 – 2006

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