EL CRISTIANO Y EL DIVORCIO

 Expositor: Rvdo. Manuel Ulloa V.

Pastor 1ra. Iglesia de Santiago y Temuco

Congreso Iglesia Metodista Independiente

Santiago, 08 al 10 de Abril de 2004

Texto:   “… Pues lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.”

Marcos 10:9

INTRODUCCIÓN

Matrimonio, divorcio y nuevo matrimonio: ¿qué enseña la Biblia?

Algunos hermanos que se ocupan de la lectura de las Sagradas Escrituras, dicen que la Biblia no permite el divorcio y menos el nuevo matrimonio. Otros señalan que la Biblia permite el divorcio bajo ciertas circunstancias, pero no el nuevo matrimonio. Y hay otros que dicen que si el divorcio se justifica, se justifica también la posibilidad del nuevo matrimonio. Nuestra pregunta es: ¿Qué dirá la Biblia al respecto? Y esto es lo que trataremos de responder.

Debo reconocer que años atrás yo era de la idea que si había adulterio, podía haber divorcio de acuerdo a las Escrituras, pero que las partes involucradas no podía casarse nuevamente.  Recuerdo que incluso lo enseñé estando como Supervisor en la que hoy es la Cuarta Iglesia. En una ocasión posterior a esto, tuve la oportunidad de adquirir un libro titulado “Divorcio y nuevo matrimonio” del  Rvdo. Guy Duty interprete e investigador de la Biblia por naturaleza y vocación, de la Editorial Betania. Leí también otros apuntes de la Clase Bíblica radial y artículos en Internet al respecto. Además he tenido la oportunidad de conversar con varios hermanos sobre el tema. Estos me convencieron respecto a la existencia del divorcio y el nuevo matrimonio como un hecho real y legítimo en las Sagradas Escrituras.

Este es un tema difícil de tratar debido a que existe un número limitado de pasajes de la Escritura que se refieren al tema y en algunos casos no son fáciles de interpretar, y difícil también porque no existe un enfoque simplista que responda a todas las preguntas o resuelva todos los problemas que resultan de las relaciones matrimoniales. De todas maneras debo señalar que a pesar de que en la Biblia existen los casos de excepción para el divorcio, no se pueden aplicar como regla general a todos los casos, sino que cada caso debe ser estudiado en forma particular para entregar un veredicto bíblico y adecuado.

Estadísticamente las separaciones han ido en aumento en nuestros días, de tal manera que uno de cada dos matrimonios terminará en divorcio en transcurso de su existencia. Y este es sólo un cálculo aproximado en consideración a que en los últimos años han disminuido la cantidad de  matrimonios, debido a la opción que están tomando las parejas de vivir sin compromisos matrimoniales legales ni religiosos; por lo tanto, es muy probable que el porcentaje de separaciones sea aún mayor. Y si consideramos que el  53 % de los niños chilenos nacieron el año 2000 fuera del matrimonio y estos en aumento en los años siguientes, nos encontramos ante un cuadro desalentador y antibíblico.

 EL VÍNCULO MATRIMONIAL

Como punto de partida, señalaremos que el enlace matrimonial fue establecido por Dios, desde los comienzos de la creación, de acuerdo a la cita de Génesis 2:18-24.

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea para él. Formó, pues, Jehová Dios de la tierra toda bestia del campo, y toda  ave de los cielos, y trájolas a Adam, para que viese cómo les había de llamar; y todo lo que Adam llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adam nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo: mas para Adam no halló ayuda que estuviese idónea para él. Y Jehová Dios hizo caer sueño sobre Adam, y se quedó dormido: entonces tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer y trájola al hombre. Y dijo Adam: Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegarse ha (se unirá) a su mujer, y serán una sola carne.”

Notemos la frase “Y serán una sola carne”, haciendo referencia a la unión matrimonial entre un hombre y una mujer. Ahora leamos las palabras de Jesús comentando este mismo pasaje en Marcos 10:2-9:

“Y llegándose los fariseos, le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar a su mujer. Mas el respondiendo,  les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta (un certificado) de divorcio, y repudiar. Y respondiendo Jesús les dijo: Por la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento; Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto (esta razón), dejará el hombre a su padre y a su madre, y se juntará a su mujer. Y los que eran dos, serán hechos una carne: así que no son más dos, sino una carne. Pues lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.”

La intención de Dios para esta unión matrimonial entre un hombre y una mujer, es de ser una carne, esposo y esposa, o marido y mujer, y era que nada ni nadie debía interferir para separarla, debido a que es una de las más intimas y significativas de las relaciones humanas (un cuadro visible de la unión perfecta entre Cristo y su Iglesia). Tenemos entonces en estos dos pasajes (uno en el Antiguo y otro en el Nuevo Testamento) una indicación inconfundible del concepto de Dios para el matrimonio: la integración de dos vidas, mientras estas duren (la muerte es el único medio establecido por Dios como término de estos vínculos).

La permanencia del matrimonio no sólo se demuestra en Génesis y en los evangelios, sino también en las  epístolas, como Romanos 7:1-3:

“Ignoráis, hermanos, (porque hablo con los que saben la ley), que la ley se enseñorea del hombre entretanto que vive? Porque la mujer que está sujeta a marido, mientras el marido vive está obligada a la ley; mas muerto el marido, libre es de la ley del marido. Así que, viviendo el marido, se llamará adúltera si fuere de otro varón; mas si su marido muriere, es libre de la ley; de tal manera que no será adúltera si fuere de otro marido.”

Recordemos también, que el tomar esposo o esposa implica un compromiso que ata de por vida. Por esta razón no hay que entrar en el matrimonio con ligereza o descuido.  Nuestra disciplina en el rito del matrimonio dice “inconsideradamente”. Cuando se pronuncian los votos matrimoniales, el esposo y la esposa, descartando a todos los demás, se prometen amor mutuo sea esta en la prosperidad o en la pobreza, en la enfermedad o en la salud, hasta que la muerte los separe. Están entrando en un contrato que no deben quebrantar. Esto es lo que Dios quiere. Y el no obedecer su voluntad es arriesgarse a sus juicios.

 Hay otro pasaje en las epístolas, que nos habla referente a la permanencia del lazo matrimonial, y es 1.a Corintios 7. Pablo aconseja a los casados de la iglesia de Corinto. Se dirige primero en los versículos 10 y 11 a los maridos y a las esposas que son creyentes, y en los versículos 12 al 16 habla a los esposos y esposas cuando sólo uno es cristiano y el otro no. En ambos casos, el matrimonio se considera que debe permanecer intacto.

 “Pero a los que están juntos (unidos) en matrimonio, denuncio, no yo, sino el Señor: que la mujer no se aparte (separe) del marido; y si se apartare (separa), que se quede sin casar, o reconcíliese con su marido; y el marido no despida (abandone) a su mujer.”  1ra. Corintios 7:10-11.

 En estos versículos, el apóstol afirma de modo explícito la obligación de una esposa o esposo cristianos, a abstenerse de obtener un divorcio. Escribe: “que la mujer no se aparte (separe) del marido”. Y al esposo le manda: “El marido no despida (abandone) a su mujer”.

Pablo sigue exhortando a que el que se divorcia (aparte o separe) permanezca sin volverse a casar, o de lo contrario se reconcilie. Escribe: “Si se aparta (separa), quédese sin casar”. Aun cuando el apóstol está hablando a la mujer, aquí lo que dice, no cabe duda que también se aplica al marido. Si tiene lugar un divorcio, “quédese sin casar”. Pablo dice esto por dos razones: en primer lugar, si una persona divorciada vuelve a casarse se cierra la puerta a la posibilidad de una reconciliación. Y segundo lugar, el que se casa con otro, cuando el primer esposo o esposa viven todavía (excepto en el caso del divorcio que es la excepción), tiene lugar una relación adúltera de acuerdo a Mateo 19:9; Romanos 7:1-3.

Al continuar viendo 1.a Corintios 7 vemos que el apóstol habla también a los que se han unido en yugo desigual: esto es, el caso en que el esposo o esposa es un creyente, pero el otro cónyuge no lo es. Pablo prohíbe también la disolución de esta clase de unión conyugal. Dice en 1ra. Corintios 7:12-13:

“Y a los demás yo digo, no el Señor: si algún hermano tiene mujer infiel (que no sea creyente), y ella consiente en habitar con él, no la despida (abandone). Y la mujer que tiene marido infiel (que no sea creyente), y él consiente en habitar con ella, no lo deje (abandone)”

Hay por lo menos dos buenas razones para dar este consejo: Primero el vínculo matrimonial ha sido planeado para ser permanente. Segundo, el esposo (o esposa) cristiano puede ejercer una influencia espiritual en la familia permaneciendo al lado del cónyuge no salvo. Esto conserva al cónyuge y a los hijos en una esfera de bendición y salvación potencial. Esto es lo que piensa el apóstol cuando escribe en 1ra. Corintios 7:14:

“Porque el marido infiel (incrédulo) es santificado en la mujer, y la mujer infiel (incrédula) en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, empero ahora son santos.”

¿Puede haber alguna duda sobre la intención de Dios con respecto al matrimonio? Es la unión en matrimonio de un hombre y una mujer, es la unión en una carne, única, que nunca debe ser deshecha por voluntad humana.

Sin embargo, debido a la pecaminosidad del corazón humano y a la violación egoísta por el hombre de las leyes de Dios, el apóstol reconoce la posibilidad de una disolución del matrimonio, notemos bien que se trata de una posibilidad, en modo alguno de una necesidad.

De nuevo quiero subrayar el hecho de que Dios quiere que el matrimonio siga adelante. Quiere que reconozcamos la permanencia de la relación entre esposo y esposa. Cuando Ud. dice “sí”, esto implica un compromiso para toda la vida, tanto si está pensando que va a ser así, como si piensa lo contrario. Dios deja bien claro sus términos. Es obligación suya el hacer todo lo que está en su poder para que su matrimonio resulte en lo que él quiere que sea. No existe un “volver atrás” porque el camino ha resultado áspero y difícil. Más bien cuando las cosas se ponen difíciles tiene que redoblar los esfuerzos. Con la ayuda de Dios tiene que hacer todo lo que pueda, y estar dispuesto a “andar una segunda milla”. Recordemos las palabras de Jesús en Mateo 19:5-6:

“Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne. Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte (separe) el hombre.”

EL DIVORCIO COMO EXCEPCIÓN

Aunque Dios desea que un esposo y una esposa permanezcan juntos hasta la muerte, permite el divorcio en algunas circunstancias. Podemos preguntarnos entonces ¿Cuáles son los motivos suficientes para el divorcio, o bien es esta unión de esposo y esposa absolutamente inquebrantable? La respuesta a esta pregunta la encontramos en las palabras de Jesús en Mateo 19: 3-10:

“Entonces se llegaron á el los Fariseos, tentándole, y diciéndole ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Y él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, macho y hembra los hizo, y dijo: Por tanto, el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne? Así que, no son ya más dos, sino una carne: por tanto, lo que Dios juntó, no lo aparte (separe) el hombre. Dícenle: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla? Díceles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar á vuestras mujeres: mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudiare á su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera. Dícenle sus discípulos: si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.”

En la época en que Jesús pronunció las palabras de su nueva ley de divorcio en Mateo 5:32 y 19:9, constituía tema candente en toda Palestina. En la historia de los hebreos se la conoce como la controversia Hillel – Sammai. Estos eran rabinos famosos que dirigían escuelas rabínicas en Jerusalén.  Pertenecían a una generación anterior a Cristo, aproximadamente.  Hillel se había dado a conocer como un a autoridad en cuestiones de la ley mosaica. Sammai había adquirido fama como profesor en la misma materia.

Hillel enseñaba que el judío podía divorciarse de su mujer por cualquier causa (porque se les quemaba el pan, o porque no sazonaban bien la comida, o porque no les gustaban sus modales, o porque no eran buenas amas de casa, o porque encontraban a otra mujer más atractiva que ellas, etc.). Sammai, en cambio sostenía que el divorcio estaba permitido únicamente por fornicación. La discusión estaba centrada entonces en la frase “cualquier causa” de Hillel y la frase “causa única” de Sammai. Debemos tener presente que la discusión era sobre la causa legítima del divorcio y no del nuevo matrimonio, ya que esto último era aceptado por todos los judíos, y aún por los griegos y romanos; esto no era cuestión de discusión.

Estos fariseos querían que Jesús se inclinara por alguna de las dos escuelas, pero Jesús les hizo hincapié que en el principio de la historia humana, no había lugar para el divorcio en Mateo 19:4-6. No satisfechos con lo que Jesús les dijo le recordaron la actitud de Moisés respecto al divorcio en el versículo 7:

“¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio, y repudiarla?”

Bajo la ley mosaica un hombre podía divorciarse de su mujer, además de causa “cosa torpe (indecente)” por cualquier causa, de acuerdo a Deuteronomio 24:1-4:

“Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa torpe (indecente), le escribirá carta de repudio (divorcio), y se la entregará en su mano, y despedirála de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Y si la aborreciere aqueste último, y le escribiere carta de repudio (divorcio), y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; ó si muriere el postrer hombre que la tomó para si por mujer, No podrá su primer marido, que la despidió, volverla á tomar para que sea su mujer, después que fue amancillada (envilecida, despreciada); porque es abominación (aborrecible, detestable) delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.”

Al igual que en otras épocas, en la de Moisés muchos judíos trataban con crueldad a sus esposas y era porque el hombre se convertía en el amo de la mujer con la que se casaba. La esposa era posesión del esposo como lo eran su propiedad, sus animales y sus esclavos. La ley judía no permitía que la mujer iniciase el divorcio. Ella podía casarse de nuevo solamente si recibía una carta de divorcio. Su esposo podía anular cualquier promesa que ella hiciese (Números 30:4-16). Incluso el esposo podía: hacer que apedreasen a la esposa si la noche de bodas él descubría que ella no era virgen. Tomando en cuenta su crueldad y su dureza de corazón, Dios permitió el divorcio. Dios dio estas leyes como una provisión misericordiosa para las mujeres que vivían en una sociedad dominada por los hombres. Por medio de estas regulaciones Dios mostró a los israelitas que tenían que ver a sus esposas como personas y no solamente como una propiedad.

El Señor continua su respuesta a los fariseos diciéndoles en Mateo 19:8 la razón que tuvo Moisés para dar carta de divorcio:

“Díseles: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar á vuestras mujeres”

Los hombres con el corazón endurecido habrían hecho un daño aun mayor a las esposas que menospreciaban si el divorcio no hubiese sido una opción. Incluso habrían podido venderla como esclava, lo que Dios, por supuesto, prohibió definitivamente. Pero un hombre con el corazón endurecido en una sociedad dominada por los hombres podía encontrar muchas otras maneras de hacerle la vida imposible a la esposa que ya no quería mantener.  Podía angustiarla casándose con otra mujer y prestando a la segunda toda su atención, o podía sobrecargarla de trabajo hasta agotarla y enfermarla, o podía no darle su atención y presencia o débito conyugal. Podemos señalar que fue un acto de misericordia de Dios a la mujer, lo que motivó el permitir el divorcio en Israel.

Ahora en el proceso de divorcio, Dios dio directrices a seguir. El hombre tenía que otorgarle a su esposa una acta o certificado de divorcio en presencia de dos testigos. De esta forma el matrimonio quedaba legalmente disuelto y ambas partes podían volver a casarse. La carta de divorcio era una “acta de libertad” (un documento de emancipación), que le permitía a la mujer volver a casarse.  No quedaba relación matrimonial alguna entre las partes.  Era lo mismo que si jamás se hubiesen casado.

REPUDIAR

Seguida a la respuesta dada a estos fariseos, lo que hace Jesús, es aclarar o delimitar las razones en que se permite el divorcio en un matrimonio, de acuerdo a Mateo 19:9:

“Y yo os digo que cualquiera que repudiare á su mujer, si no fuere (salvo o excepto) por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera.”

La pregunta que cave hacer sobre este texto es si la palabra “repudiar” significa ¿disolución o separación? Si es disolución no hay duda que la persona que es repudiada queda en plena libertad de casarse nuevamente en forma legal, como ocurría desde los tiempos de Moisés. Si la palabra significa separación no cabría la posibilidad de un nuevo matrimonio, debido que aún separada continuaría atada a la ley del matrimonio y si se casare cometería adulterio.

El término legal “repudiar” siempre significó la disolución total del matrimonio con el derecho a volver a casarse. Nunca estuvo vinculada a él la idea de separación. La palabra hebrea para divorcio (repudio) es “kerithuth”, que significa “corte, rompimiento”. La palabra griega para divorcio (repudio) en el Nuevo Testamento es “apoluo” y es un equivalente exacto del kerithuth del Antiguo Testamento, y tiene el mismo significado preciso de disolución absoluta. Significa: “Dejar libre; soltar; liberar; radicalmente disuelto; cortar, como cuando  se bota un barco; dar de baja, como a un soldado del ejercito; desatar un lazo; separar totalmente; hacer cesar toda obligación y responsabilidad; romper; librar, como a un cautivo, es decir, quitarle las cadenas y dejarlo libre.” (Divorcio y nuevo matrimonio, Guy Duty, Ed. Betania, Págs. 44,45)

Los padres de la iglesia primitiva usaban el término “repudiar” (apoluo) con el sentido de “liberar, dejar libre, de la muerte,” “librarse de,” “quebrantar,” “separado de” (A Patristic Greek Lexicon, T. 1, p. 201, Oxford University, 1961)

Doce autorizados léxicos (diccionarios de las lenguas: Gesenius Hebrew & Chaldee Lexicon; Student’s Hebrew Lexicon, Davies & Mitchell; Hebrew & English Lexicon of the Old Testament, Brown, Driver, Briggs; Bagster’s Analytical Hebrew & Chaldee Lexicon; Young’s Analytical Concordance; Strong’s Concordance; A Manuel Greek – Lexicon of the New Testament, Abbott – Smith; The New Testament in Greek, Lexicon, Weatcott & Hort, 1953; Expository Dictionary of New Testament Words, Vine; A greek – English Lexicon, Liddell & Scott; The vocabulary of the Greek New Testament, Moulton & Milligan y A Patristic Greek Lexicon, T. 1, p. 201, Oxford University, 1961), tanto hebreos como griegos, definen la palabra “repudiar” como disolución. Llegamos entonces, a la conclusión de que podemos afirmar confiadamente que desde el primer siglo se entendía por “repudiar” el sentido absoluto de disolución con el derecho a volver a casarse y no lo contrario, es decir separación sin la posibilidad de disolución de vínculos.

Aclarado el término “repudiar” tenemos que hacer lo mismo con la expresión “si no fuere”. En la versión RV de 1960 se usa la palabra “salvo” Ambas expresiones denotan una excepción. Por lo tanto lo que está haciendo aquí el Señor, es señalar que quién repudia a su mujer  por cualquier causa y se casa, comete adulterio al igual que la mujer que fue repudiada por cualquier causa y se casa. La única excepción para que no exista este pecado de adulterio es, si la causa de repudio fue la fornicación. Lo que establece el Señor es la excepción que permite el divorcio y esta es la fornicación de uno de los cónyuges.

FORNICACION

Casi todo el mundo está de acuerdo en que Jesús reconoció que la fornicación era base justificada para el divorcio. Pero aquí empieza el gran debate. ¿Qué hay que entender por fornicación, tal como lo usó Jesús?

Sostienen algunos que en Mateo 5:32 y 19:9 la palabra “fornicación” se refiere únicamente a “pecados prematrimoniales”.  Enseñan que uno puede divorciarse si el cónyuge ha cometido pecado sexual antes del matrimonio, pero no por pecado cometido con posterioridad al mismo.

En hebreo y en griego la palabra fornicación incluye el incesto, la sodomía, la prostitución, la perversión, y todo otro pecado sexual, tanto antes como, después del casamiento.

Nuestra palabra fornicación viene del Latín fornix, que significa “prostíbulo.” Literalmente significa “bóveda” o “celda” donde las prostitutas romanas hacían su morada. Los principales diccionarios ingleses reconocen el significado hebreo y griego del vocablo.

La palabra hebrea que significa fornicación es, “zanah”.. Se la emplea:

“de una mujer casada, cuando comete adulterio. Jer. 3:1.” (Student’s Hebreaw l.exicon, Davies Mitchell, p. 185, Kregel, 1957).

En Amós 7:17 una mujer casada es fornicaria, “zanah”. (Young’s Analytical Concordance, p. 452)

“Fornicación. Heb. “zanah”, cometer adulterio. En el término ”fornicación” se incluye toda falta de castidad. Mt. 5:32.” (The International Standard Bible Encyclopedia, T. 2, p. 746. Eerdmans Pub. Co., 1952).

Todas las fuentes principales concuerdan con esta definición del hebreo “zanah”.

La palabra griega equivalente es “porneia” y tiene el siguiente sentido:

“En Mt. 5:32 y 19:9, representa, o incluye, el adulterio” (Expository Dictionary of New Testament Words, Vine. W. E.. T.2. p. 125, 1948)

Fornicación. “Prostitución, falta de castidad, (Demos. Filón. 12 Patr.), de toda clase de relación sexual ilícita… el adulterio aparece como fornicación (cf. Sir. 23.23). Hm. 4, 1-5. De la infidelidad sexual de una mujer casada. Mt. 5:32 y 19:9.” (A Greek-English Lexicon of the New Testarnent, Arndt &Gingrich, p. 699. University of Chicago Press)

“Debe entenderse que la fornicación significa pecado, no sólo antes, sino también después del casamiento, en un sentido más amplio, incluyendo asimismo el adulterio.”   (The New Testament for English Readers, Alford, Dean, p.33, Moody Press)

“Porneia”. a. de las relaciones sexuales ilícitas en general. Demos. 403.27: 433.25… Toda otra interpretación del término . . . debe ser rechazada.” (Thayer’s Greek-English Lexicon, p. 532)

Podrían citarse muchas otras fuentes que concuerdan con las citas que ofrecemos. Bastará con mencionar una o dos más. El Word Studies in the New Testament, de Vincent, aplica el término fornicación a hombres casados (T.4, pp. 35-36). Los especialistas en griego consideran al Vocabulary of the Greek New Testament, de Moulton y Milligan, como la “corte suprema de apelación,” porque muestra en base a los papiros y las inscripciones cómo se usaban las palabras de la Biblia en la época de los escritores bíblicos. Sobre el significado de la palabra fornicación “pomeia” dice esta obra:

“… aplícase a las relaciones sexuales ilícitas en general.” (p. 529, Eerdmans Pub. Co., 1959)

Prominentes Padres de la iglesia primitiva entendían que el término fornicación empleado por Mateo incluía el adulterio y toda impureza sexual, y nadie mejor que ellos para conocer su uso entre los antiguos.

En lsrael se daba muerte a los judíos por actos de fornicación, tanto antes como después del casamiento. A los judíos casados se les decretaba pena de muerte por incesto, sodomía, bestialidad,  y todo acto sexual prohibido (Lv. 20:11-21). Todas estas desviaciones estaban incluidas en la fornicación en las leyes judaicas. Fue con este sentido que Jesús empleó la palabra fornicación cuando declaró a los judíos su ley del divorcio. Como Jesús no dio la menor indicación de que tuviese la intención de cambiar el significado de la palabra, este era el único sentido en que la podían haber entendido. El sentido que lo restringe al pecado prematrimonial nunca estuvo asociado a ella.

En Números 25:1-2, los 23.000 israelitas, incluyendo a los  jefes, que cometieron pecado sexual con las hijas de Moab, no eran todos solteros.  En este caso el pecado cometido se designa con la palabra “zanah”  (fornicación). Pablo, en 1ra. Corintios 10:8, dijo: “Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.” Pablo se refería aquí a israelitas casados que cometieron fornicación, y les dijo a los corintios casados, “Ni forniquemos” ¿Esta referencia en primera persona plural se refería únicamente a los no casados?

Cristo, en Apocalipsis 2:14, se refiere al mismo hecho de los judíos casados que cometieron pecado sexual con las hijas de Moab, y dijo que habían cometido “fornicación”. De modo que en este caso, Cristo, que utilizó la palabra “fornicación” en Mateo 5:32 y 19:9, la usó también con referencia al pecado sexual de los casados.

En Amos 7:17 la expresión fornicación “zanah” designa el pecado sexual de una mujer casada. Esto va paralelo con el relato de Mesalina que hace Dio Cassius, 60.30. Desde la época clásica la fornicación incluye el pecado sexual de la mujer casada. (Véase también 2do. Reyes 9:22)

El vocablo “porneia” y sus derivados se usa en relación con la adoración idolátrica en Éxo. 34:16; 2da. Cró. 21:11,13; Isa. 1:21; Jer. 3.8; y con frecuencia en Ezequiel 16:23. La Relación entre Dios e Israel esta representada con la imagen del desposorio. El lenguaje simbólico se relaciona con el literal. En Ezequiel 23 la palabra “porneia” y sus derivados se utiliza casi 20 veces en relación con la idolatría. En las naciones paganas la idolatría iba acompañada con frecuencia de vicios sexuales. La palabra “porneia” y sus derivados se emplea frecuentemente al hacer referencia a dichos cultos idolátricos, los que no estaban limitados a la gente soltera.

Dice Herodoto que estos cultos con ritos idolátricos estaban relacionados con infames excesos sexuales. Véase Apocalipsis 2:20, donde Cristo se refiere a Jezabel y su culto idolátrico diciendo que ella enseñaba a los “siervos (del Señor) a fornicar.”Aquí el Señor emplea el término fornicación en relación con los casados.

En Oseas 2:5 se habla de fornicación en el caso de la mujer de Oseas. En el original hebreo la expresión “se prostituyó” contiene la palabra “zanah”. En Judas 7 se hace referencia a las abominaciones sexuales de los casados en Sodoma y Gomorra empleando la palabra “fornicación.”

En los apócrifos hebreos y en los pseudoepigráficos “porneia” y sus derivados se toman como términos genéricos para expresar vicios sexuales, como también para hacer referencia a vicios particulares o específicos.

“Porneia” (fornicación) se usa con referencia al adulterio en Sirah, 23.23; en el Testamento de Judá, 18.2; en el Testamento de Dan, 5.6; en el Testamento de Isacar, 7.2; en el Testamento de José,   3.8. En el Testamento de Levi, 14.6, los sumos sacerdotes (casi sin excepción) eran casados, y el término fornicación se empleaba con referencia a los vicios sexuales tanto de los casados como de los solteros. En el Testamento de Aser 2.8, la misma combinación de pecados sexuales recibe el nombre de “porneia”.

En la literatura cristiana primitiva la palabra “porneia” y sus derivados se emplea con referencia al pecado sexual en general.

La palabra fornicación “porneia” y sus derivados se emplea con el mismo sentido en el Nuevo Testamento. Allí el hombre casado culpable de pecado sexual fornica, y la mujer casada fornica.  En 1 Corintios 5:1, Pablo manifiesta que la fornicación era frecuente entre los corintios, y se especifica el incesto. ¿Quién puede afirmar que sólo los solteros eran culpables de esto? En 2da. Corintios 12:21 Pablo dijo que tenía que llorar por muchos que habían cometido fornicación. ¿Eran solteros todos estos pecadores? En 1ra. Corintios 5:9,11 Pablo indica a los corintios que no deben juntarse con los “fornicarios”, ¿Podían juntarse con los adúlteros?  En base a estas citas podemos afirmar que resulta evidente que Pablo, judío ilustrado, empleaba el término fornicación con el sentido conocido.  Es igual en el caso de los demás apóstoles.

En Hechos 15:20,29, los apóstoles escribieron a los gentiles mandándoles que se abstuvieran de la fornicación. Elmer Miller, veterano miembro del foro neoyorquino, y abogado que tiene muchos conocimientos de las Escrituras, hizo un estudio sobre el divorcio y en su Memorándum escribió lo que sigue en relación con la fornicación en Hechos 15:20,29:

“Sería ridículo suponer que en el siglo primero después de Cristo, cuando las relaciones ilícitas constituían práctica generalizada entre los gentiles, el término porneia se empleaba únicamente en el sentido de las relaciones sexuales ilícitas entre personas solteras.  Si este fuese el verdadero sentido en que se emplea el vocablo porneia en estos dos pasajes, tendríamos entonces que el primer concilio eclesiástico estaba permitiendo, mediante un recurso torcido, las relaciones sexuales ilícitas entre personas casadas”.

El doctor R. H. Charles, Inglés, autoridad escriturista, resumió su exhaustivo estudio sobre el tema de la fornicación con la siguiente manifestación:

“Desde la época clásica en adelante, la fornicación incluye el pecado sexual de la mujer casada.  Se empleaba como referencia al pecado sexual en general, como también a pecados sexuales específicos.  El contexto en que se encuentra determina el sentido en que debe tomarse.  Se sigue que a partir del siglo IV a.J.C. en Grecia y del año 200 a.J.C. entre los judíos de habla helénica, hasta el año 96 d.J.C., el término pomeia y sus derivados se empleaba no sólo con referencia a fornicación sino a casi todos los otros pecados específicos, como también a todos los pecados sexuales tomados colectivamente.” (The Teaching of the New Testament on Divorce, Charles, R.H., pp. 91-111, Williams & Norgate, Londres, 1921)

“Fornicación. En la Biblia, cualquier relación ilícita, incluyendo el adulterio” (Del Webster’s New Twentieth Century Dictionary. College Edition, copyright 1962 por The World Publishing Co.)

“La fornicación a veces, especialmente en la Biblia, incluye toda relación sexual excepto aquella entre marido y mujer.” (Del Webster’s Third New International Dictionary, copyright 1961 por G. & C. Merriam Co., editores de los diccionarios Merriam-Webster)

En base a los testimonios que hemos reunido, esto es lo que resulta:

Cualquiera que repudie a su mujer, salvo por causa de cualquier pecado sexual  y se casa con otra, adultera.

Esto no es todo lo que contiene la Escritura en cuanto al tema de la fornicación y el adulterio, pero nuestro objeto ha sido el de demostrar que en la legislación de Cristo sobre el divorcio la palabra fornicación no está referida exclusivamente a los pecados prematrimoniales.

Está claro entonces, que cuando Jesús reconocía el divorcio  única y absolutamente en el caso de fornicación, se refería de modo general a la “inmoralidad sexual” “porneia”.

Ahora, si Jesús, hubiera querido indicar que se trataba de infidelidad que afecta exclusivamente a personas casadas habría usado el término “moicheia” que significa adulterio, y no “porneia” que cubre un terreno más amplio de pecados sexuales. Si hubiera usado “moicheia” no habrían quedado cubierto casos como el ligarse con una prostituta, la sodomía, el incesto y otras formas de conducta sexual aberrantes (necrofilia, zoofilia, pedofilia, pornografía, etc.)

Quisiera aclarar una duda que asalta con frecuencia al leer Marcos 10:2-12 y Lucas 16:18. Ya que el Señor Jesús mencionó la fornicación como base para el divorcio en Mateo 19, ¿porqué no se menciona esta excepción del divorcio cuando se lee en Marcos 10:2-12 y Lucas 16:18? El pasaje de Lucas dice:

“Cualquiera que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera.”

¿Por qué se omite la frase “si no fuere, (salvo o excepto) por causa de fornicación” de Mateo 19:9, tanto en Lucas como en Marcos? Debemos señalar que Mateo, Marcos y Lucas deben estudiarse juntos. De lo contrario surgirán supuestas contradicciones en torno a muchos asuntos. A estos tres Evangelios se los conoce como los Evangelios sinópticos. La palabra sinóptico (syn, juntos y opsis, vista) significa “ver juntos”.  Cuando queremos saber lo que Cristo enseñó sobre algún tema no debemos limitarnos a uno de los Evangelios, sino que debemos examinar los otros en busca de detalles adicionales que pudieran aportar. Quizá los escritores de estos evangelios asumen que todo el mundo sabe que la infidelidad conyugal era una causa justa para el divorcio, y que todos los que habían sido divorciados por esta causa podían volverse a casar. En el tiempo de Cristo era obligatorio que un hombre se divorciara de su esposa si ella era culpable de infidelidad sexual. Y los seguidores tanto de Hillel como de Sammai permitían al otro que volviera a casarse. De hecho, ningún judío, griego o romano dudó jamás que la infidelidad sexual constituía base para el divorcio, que permitía de modo automático el casamiento otra vez al otro. Un reconocimiento de este fondo histórico es indispensable para entender propiamente las palabras de nuestro Señor.

Puede hacerse notar de paso que algunos especialistas en la tradición griega ortodoxa insisten en que «porneia» requiere una infidelidad conyugal «repetida, continua», mientras que en el caso de «moicheia» bastaría con un acto solitario para el divorcio. Como se ve, hay multitud de opiniones.

EL PERMISO PARA UN NUEVO CASAMIENTO

Al estudiar la Biblia, vemos que los planes de Dios son que el matrimonio sea una relación permanente. Nada tiene que romper esta unión de una carne entre esposo y esposa. Jesús dijo: “Lo que Dios juntó, no lo aparte (separe) el hombre. Debido a la introducción del pecado en el mundo, Dios permitió el divorcio, pero nótese bien “permitió” repudiar a la mujer, pero aún permanece firme la voluntad de Dios de que el matrimonio dure hasta que la muerte de uno de los dos los cónyuges. Por lo tanto, se permite que tenga el divorcio cuando el marido o la mujer violan su compromiso sagrado al incurrir en conducta sexual ilícita. Pero este es el único terreno en que el divorcio es reconocido por el Señor. Estas son las palabras de Jesús:

“Y yo os digo que cualquiera que repudiare á su mujer, si no fuere (salvo o excepto) por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera.”  Mateo 19:9.

Aunque la mayoría está de acuerdo en que el divorcio es permitido bajo la condición mencionada por Jesús en Mateo 19:9, esto es, por “fornicación”, hay algunos que dicen que el nuevo matrimonio no se ha de permitir nunca en tanto que el otro cónyuge permanece con vida. ¿Podemos decir que así debe ser? Según las Palabras de Jesús en Mateo 19:9, el marido cuya esposa es culpable de infidelidad, no sólo puede divorciarse de ella, sino que también se le permite volverse a casar sin la marca de entrar en una relación adúltera. Y lo que es verdad para el marido ha de ser verdad también para la mujer. Volvamos a revisar las palabras de Jesús en el versículo 9: “Y yo os digo que cualquiera que repudiare á su mujer, si no fuere (salvo o excepto) por causa de fornicación, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera.”  Mateo 19:9.

Notemos que la gramática del texto indica que la cláusula excluyente “si no fuere (salvo) por causa (en el caso) de fornicación”, proporciona base para el divorcio. Si esto es verdad, entonces también da base para el nuevo matrimonio. Veamos, cuando una oración gramatical es compuesta (esto es, contiene dos afirmaciones o negaciones cada una dé las dos es verdadera de modo independiente), una cláusula eximente puede aplicarse a cualquiera de las dos partes de la oración. Sin embargo, si tiene sólo un sujeto y no puede dividirse en dos oraciones completas, la cláusula excluyente debe aplicarse a las dos partes. Y esto es lo que ocurre tanto en Mateo 5:32 como en 19:9.

En Mateo 5:32, por ejemplo, el sujeto es “el que”, y la primera parte de la oración: “el que repudiare a su mujer, fuera de causa de fornicación” no es una oración completa. Se requieren las palabras “hace que ella adultere” para completar el pensamiento. La cláusula excluyente “fuera de causa de fornicación”, por tanto, debe ser aplicada a la oración completa. Como, una mujer no puede decirse que cometa adulterio por el hecho de ser divorciada, el Señor tiene que estar pensando en su nuevo matrimonio cuando dice “hace que ella adultere”. Como no era reconocido por Dios como válido un divorcio excepto en caso de fornicación “porneia”, la mujer volvía a cometer adulterio cuando se casaba. Ahora, si el divorcio era obtenido como resultado del permiso de la cláusula excluyente de Mateo 5:32, el marido no podía ser acusado de hacer que la mujer cometiera adulterio.

De la misma forma, las palabras de Mateo 19:9, “cualquiera que repudia a su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se casare con otra», requiere la palabra “adultera” para ser una oración completa. La cláusula excluyente por tanto ha de aplicarse a las dos partes de la frase. De modo que la persona que repudia a su esposa no comete adulterio cuando vuelve a casarse si el  divorcio fue obtenido a causa de “fornicación”, el pecado mencionado en la cláusula eximente de  Mateo 19:9.

EL DERECHO A VOLVERSE A CASAR

Esta forma de entender la gramática de Mateo 5:32 y 19:9 está apoyada también por la situación histórica de la cual habló Jesús, y por razón de lo mismo.  Ante todo, la situación histórica. El derecho a casarse otra vez no era puesto en duda por los judíos en  los tiempos de Jesús. Todo escriba, todo fariseo y todo saduceo, al oír a nuestro Señor presentar su motivo para el divorcio, asumía automáticamente que la persona divorciada tiene derecho a volverse a casar. Esto nunca se puso en duda. Un divorcio era reconocido como una terminación del contrato de matrimonio. Los dos contrayentes del contrato disuelto quedaban libres para nuevas nupcias. En algunos períodos de la historia de Israel, una mujer infiel era castigada con una pérdida financiera y con prohibírsele casarse con el hombre con el cual había cometido el adulterio. Pero no se puso nunca en duda su derecho de volverse a casar más adelante. Nadie en la audiencia de Jesús habría puesto en duda el derecho de volverse a casar si el divorcio era debido a fornicación “porneia”.

Por esto, la misma razón nos dice que si el divorcio ocurre debido a infidelidad, se permite de nuevo al casamiento. Cuando hay adulterio, por ejemplo, seguido de un divorcio legal, la unión matrimonial original queda disuelta (en contra de la voluntad inicial de Dios, pero de modo legítimo, a pesar de todo). El nuevo matrimonio, en una situación así es permisible. Sin embargo, la infidelidad no requiere la disolución del matrimonio por medio del divorcio. Cuando las circunstancias lo permiten es mucho mejor y más agradable a Dios que el matrimonio permanezca intacto.

La mejor solución desde el punto de vista cristiano para un caso de infidelidad, no es el divorcio, sino que el cónyuge ofendido haga caso omiso de la ofensa y su orgullo, ponga de lado sus derechos personales y esté dispuesto a ir una segunda milla. Por amor a Dios y del testimonio cristiano, la restauración y el beneficio espiritual de aquel que precisamente obró mal y sobre todo, por ser lo que Dios quiere, hay que hacer todos los esfuerzos posibles para volver las cosas a su cauce. Este cónyuge hará todo lo que pueda para restaurar el amor entre los dos y evitará la tragedia del divorcio. Cuando esto es inevitable, aun es preferible que la persona no vuelva a casarse con otro, sino que vuelvan a reconciliarse.  Si se vuelve a casar con otro, tiene que hacerlo sólo después de mucha oración y de haber procurado de todas formas posibles la reconciliación con el primer o anterior marido.

Nuestro tema no sería completo sin una cuidadosa consideración de 1ra. Corintios 7. Veamos los versículos 10 y 11.  Recordemos que el apóstol está hablando aquí a esposas y esposos en matrimonios en que los dos son creyentes.  En los versículos 12 al 16, se  dirige a un grupo distinto: aquellos en que sólo uno de los dos es cristiano. Teniendo presente esto, veamos primero lo que la Biblia dice a los maridos y esposas en que los dos son creyentes:

“Mas a los que están juntos (unidos) en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se aparte del marido; y si se apartare, que se quede sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no despida a su mujer.”  1ra.  Corintios 7:10-11.

En el versículo 10 el apóstol se dirige a la mujer y le dice que no se separe de su marido. Pablo estaba pensando en el divorcio cuando dice “que la mujer no se aparte (separe) del marido”.  La palabra “aparte” en esta frase es la traducción del término griego “joritzo o cörizö o chorizo”, término que según Moulton y Milligan, es “prácticamente siempre una palabra técnica asociada con el divorcio”. De hecho Pablo estaba prohibiendo el divorcio, según queda claro en el versículo 11, donde sigue diciendo: “Y si se apartare, que se quede sin casar”. Vemos que si la esposa cristiana estuviera solamente separada de su marido sin divorcio, no habría necesidad de decirle que no volviera a casarse, porque todavía lo estaría. Pablo, no le diría “… que se quede sin casar”.  Lo que debemos notar es que si a pesar de lo que Pablo manda, la mujer se divorcia del marido, ha de permanece sin volverse a casar o ha de reconciliarse. El versículo 11 lo deja bien claro. “Si se apartare, que se quede sin casar, o reconcíliese con su marido”. Naturalmente, lo que el apóstol dice a la esposa se aplica también al marido.

Pablo concluye el versículo 11 con estas palabras: “… que el marido no despida a su mujer”. El ideal es, siempre la preservación (y cuando es necesario, la restauración) de  esta unión de una carne, única, y primera del marido y la esposa. El hecho que Pablo no incluya la frase de Jesús (u otra equivalente) de Mateo 19:9 “si no fuere por causa de fornicación” cuando dice “que la esposa no se aparte del marido”, no significa por necesidad que el apóstol no reconoce que la infidelidad sexual es un motivo legal para el divorcio. Más bien debe entenderse que en Romanos 7, no es necesario mencionar la cláusula de excepción, porque simplemente, Pablo no está escribiendo un tratado sistemático sobre matrimonio y divorcio. Como la infidelidad conyugal, tanto entre los judíos como los romanos, era sin ninguna clase de duda considerada un motivo para el divorcio, comprendemos por qué Pablo no la menciona.

MATRIMONIOS MIXTOS

Vamos ahora a la próxima sección del pasaje. Recordemos que en esta parte del capítulo el apóstol dirige su atención a los matrimonios mixtos espiritualmente: esto es, en que el esposo o la esposa es un creyente nacido de nuevo y el cónyuge no lo es.  Escribe:

«Y a los demás yo digo, no el Señor: si algún hermano tiene mujer infiel (que no sea creyente), y ella consiente en habitar con él, no la despida. Y si la mujer tiene marido infiel (que no sea creyente), y él consiente en habitar con ella, no lo deje. Porque el marido infiel (incrédulo) es santificado en la mujer, y la mujer infiel (incrédula) en el marido: pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos; empero ahora son santos. Pero si el infiel (incrédulo) se aparta, apártese: que no es el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso; antes a paz nos llamó Dios.”  1ra. Corintios 7:12-15.

A la luz de este pasaje, la esposa o el marido cristiano no debe abandonar a su cónyuge incrédulo. Hay que mantener el matrimonio intacto. Si los cónyuges siguen juntos, la mujer o el marido no salvo, junto con los hijos, si existen, viven en una posición de bendición potencial. El creyente es una presencia santificadora en la casa. Pero si el marido o esposa no creyente obtiene el divorcio, el creyente no está obligado. “que no es el hermano o hermana sujeto a servidumbre en semejante caso.”

Ahora bien, estas palabras han dado lugar a mucha controversia. ¿Qué quiere decir el apóstol con estas palabras?  Algunos creen que significa que el cristiano que ha sido abandonado por un marido o esposa incrédulos, está libre para volverse a casar. El reconocer la deserción como un motivo válido para volverse a casar, sin embargo, entraría en conflicto con la enseñanza de Mateo 5:32 y 19:9. Jesús enseñó que el divorcio y el nuevo matrimonio eran pecaminosos “excepto en el caso de fornicación (porneia)”.  Si se permitió sólo la “porneia”, según Cristo, ¿cómo puede Pablo decir que un marido o esposa creyente puede volverse a casar si ha sido abandonado por el cónyuge no creyente, cuando éste, aunque es culpable de deserción, no lo es de infidelidad (porneia)?

El hecho de que Pablo dijese que el abandono de un creyente por parte de un incrédulo es causa de divorcio, mientras Jesús dio como única razón válida la “inmoralidad sexual” no lo pone en conflicto con su Maestro. Pablo estaba abordando una situación diferente, un matrimonio mixto. Jesús, que se dirigió a los judíos que estaban bajo la ley, estaba pensando en el matrimonio entre judíos, dentro de la comunidad del pacto. Pablo confrontaba un problema diferente: los matrimonios entre creyentes e incrédulos.

Dios, a través del apóstol Pablo, dictó que un creyente no peca si permite un divorcio cuando el incrédulo se quiere divorciar. Por consiguiente, un divorcio bajo tales circunstancias es válido. Dios considera el matrimonio terminado. Por lo tanto el creyente que se divorcia así tiene derecho de volverse a casar.

En las palabras de Jesús en Mateo 19 y de Pablo en 1ª. Corintios 7:15 hemos encontrado solamente dos causas por las  cuales Dios aprueba el divorcio: la inmoralidad sexual y el abandono de un creyente por parte de un incrédulo. Esto plantea varias preguntas: ¿Es el divorcio malo bajo todas las demás circunstancias? ¿Y si hay abuso? ¿Debe una mujer seguir viviendo con un hombre que la golpea y abusa de ella sexualmente?

No hay ningún versículo en la Biblia que diga específicamente que una mujer en un matrimonio abusivo tiene derecho a divorciarse. Tampoco se menciona nada de una separación legal. Pero escudriñando las escrituras podemos hallar un principio que podemos aplicar a estas situaciones.

Dios en su compasión permite a veces que su pueblo deje de lado la estricta conformidad a ciertas reglas que él ha dado. Es el caso de los soldados de David que comieron el pan consagrado (1ro. Samuel 21:1-6); Quebrantar el día de reposo para dar sanidad a una persona o ayudar a un animal (Éxodo 20:8-11; 35:1-3; Mateo 12:9-13; Marcos 2:27). Jesús enseñó que, a veces, el espíritu de la ley permite que algunos requisitos legales específicos se dejen de lado (Mateo 121-13). Con su propio ejemplo, permitió a sus discípulos recoger grano del campo para saciar su hambre en día de reposo y sano a un hombre con una mano seca en un día consagrado para Dios. De todas maneras cada caso de excepción debe analizarse por separado.

Es necesario entender que estamos hablando en términos de principios generales. Hay situaciones excepcionales en que hay que tomar decisiones que dejan de ser ideales. Por ejemplo, la salud y el bienestar (físico y mental) de la esposa o de los hijos pueden hallarse amenazados por causa de la conducta obscena o cruel, violenta, de un padre. Hemos de ser cuidadosos en no juzgar a una mujer que se encuentra en estas circunstancias. Si busca alguna forma de separación por medio de procedimientos legales, recuerde Dios ve el corazón y conoce los motivos.

 CONCLUSIÓN

  • Durante 14 siglos el divorcio tuvo en Israel, como también en las naciones gentiles, un solo y único significado, es decir, el de disolución con el derecho a contraer nuevo enlace. El divorcio de separación era desconocido. Buscamos el origen de la cuestión en Deuteronomio 24:1-4. Allí vimos que cuando un hombre se divorciaba de su mujer ella podía “ir y casarse con otro hombre.” Si su segundo matrimonio terminaba en el divorcio, podía casarse una tercera vez sin que se la considerase adúltera. Dios se refería a su primer o segundo marido como a su “anterior marido.” Si el divorcio no disuelve el matrimonio como sostienen quienes sustentan una posición antagónica, entonces resultaría que Dios permitía el nuevo matrimonio en condiciones adulterinas y aceptaba el carácter ilegítimo de los hijos nacidos de dicho matrimonio. Como no es posible creer que Dios permitiese el adulterio, la conclusión es ineludible en el sentido de que el divorcio rompía la unión.
  • Cristo aprobaba el divorcio judío por fornicación. Dijo así: “Cualquiera que repudia a su mujer, si no fuere (salvo excepto) por causa de fornicación…” La palabra griega traducida “causa” (logos) significa “aquello por lo cual algo que se hace puede ser justo.”. El caso constituía una razón justa. Cristo no le dio al judío una causa justa para divorciarse de una mujer adúltera, para luego determinar que fuese malo volver a casarse; Cristo no agregó a la ley de la causa justa una pena vitalicia consistente en la prohibición de volver a casarse.

Las multitudes que escucharon cuando Cristo promulgó su ley del divorcio no necesitaron expertos de ninguna clase que les explicasen su significado.

  • El término legal “repudiar” tenía 14 siglos de historia gramatical en su haber, y siempre con el significado absoluto de disolución y nuevo matrimonio. La carta de divorcio recibía el nombre de Acta de Repudio. La palabra griega para indicar divorcio equivale exactamente a la palabra empleada en el Antiguo Testamento. El significado primario es el de “dejar libre.” Si Cristo hubiese dejado dudas en cuanto al significado de la palabra “repudiar,” ¿podría hacer responsables a quienes tienen dudas sobre el sentido preciso?
  • Sobre “si no fuere (salvo o excepto) por causa de fornicación” significa “sacar; excluir de una enumeración, del alcance de una declaración o promulgación; excluir de un número o un todo.” Tanto el divorcio como el nuevo matrimonio fueron exceptuados de la ley en contra del repudio. Ya sea que la excepción se ubique al principio, en el medio, o al final de la oración, el sentido es invariable.
  • Fornicación no significa únicamente “pecado prematrimonial.” Vimos que la fornicación tiene el sentido general de falta de castidad o de pecado sexual en general. El propósito de Dios fue el de hacer conocer el Nuevo Testamento no sólo al mundo del primer siglo, sino a todas las generaciones futuras en el mundo. Y cuando pasó a dichas generaciones en todo el mundo, llevaba consigo el significado original del mundo mediterráneo donde surgió.

También hay en el Antiguo Testamento evidencias para demostrar que el término fornicación se aplicaba a las relaciones sexuales de la gente casada. No existe una sola prueba de que el término fornicación se refiera únicamente a pecado premarital.

  • No hay contradicción entre los Evangelios por el hecho de que sólo Mateo registra las excepciones. Un Evangelio contiene muchos detalles que faltan en los otros. Si todos los Evangelios tuvieran exactamente el mismo material, no habría necesidad de contar con los cuatro. Por lo tanto, “los tres Evangelios sinópticos han de coordinarse cuidadosamente. Se verá que sólo así pueden ser debidamente entendidos.” “Una excepción en un relato más completo debe servir para explicar al más breve.”  “Los párrafos que contienen material propio a Mateo son más de 62”. Mateo contiene “párrafos enteros de material” que son propios a dicho Evangelio. “Mateo ocupa el rango más elevado entre los relatos.”
  • Cuando Cristo se enfrentó con los fariseos sobre la cuestión del divorcio en Mateo 19, contestó la pregunta de ellos acerca de la legalidad del mismo. El asunto que se discutía era el del precedente mosaico. Cristo no negó el hecho de la disolución en el estatuto deuteronómico, sino que la restringió a un solo caso. Había sido lícito por cualquier causa; ahora lo sería únicamente por una causa única.

Jesús los llevó al momento del matrimonio original y les mostró que el propósito del Creador al instituir el matrimonio era el de que fueran una carne. Pero al principio no vemos ningún matrimonio adulterino. Ni Adam ni Eva eran adúlteros. Lo que Cristo les dijo a los fariseos sobre el matrimonio al principio era en respuesta a la cuestión de la “cualquier causa” que invocaban ellos; no se aplica al divorcio por adulterio. Jesús y los eruditos judíos discutían en esos momentos la cuestión de la disolución del matrimonio por divorcio no la de la disolución del matrimonio por la muerte. En este pasaje de Mateo 19.3-9, se emplea el término “repudiar” cuatro veces, dos veces por los fariseos y dos por Jesús. Para los especialistas tanto en cuestiones legales como bíblicas, resulta fundamental a la sana interpretación que “la palabra no puede tener más de un solo significado en el contexto en que se encuentra.”

En el versículo 9 de este pasaje, Jesús autorizó un divorcio que, en el versículo 3, había dicho que no era así al principio. Esto demuestra que la fornicación era una excepción a todo lo que había enseñado anteriormente sobre el matrimonio. “si no fuere (salvo o excepto)” significa “excluir del alcance de la promulgación” “excluir de una totalidad que se esta considerando.”

  • Jesús no dejó su ley del matrimonio para que fuese clarificada por Pablo 25 años más tarde en Romanos 7:1-3. En Romanos 7:1-3 no es el divorcio por adulterio lo que se considera. Los romanos a quienes Pablo se dirigía, sabían en base a la ley que cuando el judío se divorciaba de su mujer, ella podía ir y casarse con otro hombre sin que se la considerase adúltera. El doctor Edersheim escribe: “Los judíos sostienen que la mujer “es libre de su marido” sólo por una de dos causas: la muerte o la carta de divorcio; de allí Romanos 7:2-3.” Ya sea que fuese por muerte o por divorcio, el matrimonio quedaba nulo, inválido, muerto.
  • Jesús no hizo manifestaciones sobre la pena de muerte por adulterio. Y cuando el acta de divorcio sustituyó a la pena de muerte, tampoco se expresó en contra. Cierto es que al principio no había divorcio. Pero también es cierto que desde la época de Génesis los hombres mataban a las mujeres adúlteras. En vista de que se las mataba no había lugar para el divorcio. El divorcio hubiera constituido una medida de misericordia. La ley dada por Cristo retuvo el derecho a “quitar el mal.”
  • La carta de divorcio mosaica constituía el acta oficial de divorcio de la nación judía. Ningún divorcio se consideraba legal si no mediaba dicha carta. Los hombres “justos,” como José, la venían usando desde hacía siglos para disolver el matrimonio en caso de adulterio de la mujer, tanto cuando se trataba de desposorios como de matrimonios consumados. Jesús no tomó medida alguna en contra de esto. El judío podía valerse del acta para divorciarse de la mujer infiel, luego casarse de nuevo, y seguir siendo hombre “justo.”
  • La palabra “apartarse (separarse)” en 1ra. Corintios 7:10,11,15, significaba divorcio del tipo que se obtenía en los tribunales judiciales griegos. Los creyentes de los versículos 10-11 eran instruidos a no divorciarse de sus cónyuges; y si lo hacían debían “(quedarse) sin casar,” o “reconciliarse,” por cuanto no había justificativo para el divorcio, y el mismo no disolvía el matrimonio a los ojos de Dios. Pero la cláusula de “(quedarse) sin casar demuestra que había sido disuelta legalmente, y que era reconocida como tal por los tribunales griegos.

Pero en el divorcio del versículo 15 donde el incrédulo se divorcia del creyente, el caso es diferente. Aquí Pablo no le manda al creyente a quedarse sin casar o a reconciliarse. El creyente, en este caso, “no es… sujeto a servidumbre” al matrimonio. El Señor reconocía la validez del divorcio griego en estos casos, como había aceptado la validez del divorcio mosaico por fornicación. En 1ra. Corintios 7:15 la disolución está claramente expresada en la expresión “no es… sujeto a servidumbre.”

El acta griega comprendía la misma ruptura de matrimonio que el acta judaica. “No es… sujeto a (bajo) servidumbre” significaba que la parte divorciada ya no estaba ligada como un esclavo al matrimonio. El “quédese sin casar” del versículo 11 no se repite en el versículo 15, y lo que no se especifica no se exige. El problema del versículo 15 sigue siendo el mismo hoy, como cuando un judío o un musulmán  se hace cristiano y el cónyuge incrédulo le pide divorcio por objeción a su fe en Cristo. Para impedir el divorcio el creyente tendría que negar a Cristo.

  • Cuando existen razones válidas para el divorcio, el matrimonio queda disuelto para ambas partes. El divorcio no podía disolver la unión para una de las partes sin que lo hiciera para la otra al mismo tiempo. Sin embargo, la parte culpable debe asumir la responsabilidad delante de Dios por la disolución del matrimonio.

LA UNION MATRIMONIAL

Recordemos que el Señor Jesús, al responder a la pregunta de los fariseos sobre si era lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa, dijo “no”. De hecho, cuando Dios hizo al hombre y a la mujer una carne al principio de la historia humana, no tenía intención de que hubiera nada que quebrara el enlace matrimonial.  Debido a la entrada del pecado, Moisés permitió el divorcio en Israel por varios motivos. Y nuestro Señor especifica como única posibilidad para el divorcio, la fornicación. La falta de este tipo por parte del marido o la esposa viola la unión de una carne, y puede conducir a la disolución del lazo matrimonial.

Recordemos que incluso si el divorcio es permitido por la infidelidad, no es requerido (ni obligación). De hecho, el perdonar a un esposo o una esposa que ofenden y olvidar la violación, es lo ideal, para salvar el matrimonio.

Mejor que “reparar” una unión deshecha, es “mantenerla en forma”. Para evitar que los problemas se desarrollen hay que poner el fundamento del hogar apropiado. Hay que empezar desde el principio. Si considera casarse, ruegue a Dios para que le muestre cuál es su voluntad en la elección de su compañía. Cuando repita los votos matrimoniales hágalo de modo serio y formal.  Ame y cuide de su cónyuge. Olvídese de los demás; sea fiel y leal hasta el fin. Es importante que los dos conozcan al Señor Jesucristo como su Señor y Salvador personal.  Los que son uno en el matrimonio deberían ser uno también en Cristo.

Finalmente debemos quedarnos con lo que dice Su Palabra: “… Pues lo que Dios juntó, no lo aparte el hombre.”  Marcos 10:9

Bibliografía:

– Divorcio y nuevo matrimonio. Guy Duty. Editorial Betania.

– Temas de interés vital. Richard De Haan. Clase Bíblica Radial

– Divorcio y Nuevo matrimonio. Martín De Haan II. Serie Discovery

– Sitio Web Desarrollo Cristiano.

– Lecciones El Maestro. Editorial Vida.

– Apuntes sobre el Matrimonio. Alvar Carreño.